Quiero compartir algunas preguntas que me hacen con frecuencia los alumnos de los colegios adonde concurro a dar charlas sobre mis novelas: Cruzar la noche y La casa M (editadas ambas por Ediciones Colihue, pueden verse en la página LIBROS) y, por supuesto, mis respuestas.
Datos biográficos: ¿Dónde nació?
Nací en Felicia, provincia de Santa Fe, pero viví desde mis primeros días en Santa Clara de Buena Vista, en la misma provincia, hasta los treinta años.
¿Cómo surgió su vocación de escritora? ¿Qué metas persigue?
Siempre me gustó escribir, lo hacía cuando era adolescente o niña. después quemé todos esos escritos porque sentía que eran muy malos. Tuve a mis hijos siendo muy joven, y me divertía mucho inventándoles cuentos. Para no olvidarlos los empecé a escribir y cuando retomé mis estudios (ya tenía a mis dos hijos), una profesora leyó esos cuentos y me alentó para que fuera a un taller literario y me pusiera a escribir. Eso fue en el año 1991. En el 93 publiqué mi primer libro de cuentos para niños.
Nunca me propuse metas. Sólo siento una necesidad muy profunda de escribir.
Lo característico, lo original y lo dramático a la vez, de las políticas implementadas a partir de 1976 fue la desaparición masiva de personas. ¿Cómo vivió Ud., a nivel personal esta época?
A nivel personal a mí no me ocurrió nada. No tengo amigos ni parientes que hayan sufrido las consecuencias de la dictadura en esa época. Sin embargo, la desaparición de más de treinta mil personas me afecta como si fuesen de mi círculo más cercano y me provocan el mismo dolor, y el mismo deseo de justicia.
La implementación de la violencia política desde el Estado es una marca que atraviesa la historia argentina a lo largo de estos 200 años, ¿qué reflexión le merece?
La implementación de la violencia desde el Estado me parece aberrante. Es el Estado quién debe proteger y cuidar a todos los habitantes y no ejercer la violencia sobre ellos.
Cómo sociedad, la decisión de no dejar pasar inadvertidamente los crímenes, de poner freno a la impunidad, ¿le parece que sirven los juicios a los militares? ¿Tienen sentido? (Jorge R. Videla, Luciano B. Menéndez)
Por supuesto que tienen sentido y que sirven. Creo que tenemos tres recursos para que nunca más vuelvan a repetirse hechos tan aberrantes como los ocurridos, para que nunca más se ejerza violencia desde el Estado: la verdad, la memoria y la justicia.
Desde una mirada retrospectiva, ¿le parece que se ha tratado de olvidar? ¿Hay relaciones entre olvido y justicia?
Hay sectores que promueven el olvido, el perdón, dar vuelta la página para llegar a una “reconciliación”, a una supuesta reconciliación. Como si hubiese habido una guerra. y no hubo una guerra. NO APOYO la teoría de los dos demonios. El Estado no cumplió con su función y ejerció violencia indiscriminada, aberrante, sobre personas indefensas, aplicando tortura sistemática, robando sus bienes, arrojando a seres humanos con vida al mar, apropiándose de bebés inocentes y cambiándoles la identidad. Yo creo que no hay que olvidar lo ocurrido, que los responsables deben ser juzgados y condenados. Y deben estar agradecidos porque tienen la posibilidad de ser juzgados, de defenderse, cosa que no hicieron ellos cuando secuestraron, torturaron y desaparecieron a más de treinta mil personas de una manera tan brutal.
¿Qué la llevó a escribir Cruzar la noche?
La génesis de esta obra se entremezcla en muchos aspectos con mi propia vida. Cuando tenía 19 años vivía en un pueblo muy pequeño y estaba esperando mi primer hijo. Por ese entonces (1977) el país vivía una de las peores dictaduras de la historia. Yo era una de las tantas personas que no comprendía o no quería comprender lo que estaba ocurriendo. Mientras tanto leía Holocausto y me preguntaba cómo podía haber sucedido semejante atrocidad en Alemania, durante la segunda guerra mundial, sin que la gente se diera cuenta, sin que se descubrieran los campos de exterminio, sin que las personas se solidarizaran con los judíos. Y acá ocurría lo mismo sin que yo tomara conciencia.
Eso quedó dando vueltas en mí de alguna manera, y se fue sumando a las preguntas que me hacían mis hijos, que eran adolescentes en esa época, y que querían saber qué había ocurrido durante la última dictadura militar.
Pensé entonces que a través de la literatura podría dar respuestas a los interrogantes de mis hijos, y tal vez también a los interrogantes de muchos adolescentes que quisieran acercarse a la verdad. Y, de alguna manera, ayudar a que a otros, no les ocurriese nunca lo que me había pasado a mí.
Realicé muchas investigaciones, leyendo periódicos, libros, informes, viendo películas y documentales, entrevistando a los protagonistas de la historia: Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, Hijos, personas que habían sido secuestradas, que fueron torturadas, que tenían amigos, o parientes desaparecidos, personas que ayudaron a otras, que atendieron un parto en la Esma, que vivieron de una u otra manera los hechos en carne propia.
Después de esa etapa, me fui metiendo en la piel de los personajes para contar la novela.
¿Qué la llevó a escribir La casa M?
Entre los años 1993 y 1997, alquilé una casa en la misma zona en la que vivo actualmente. En esa casa escribí Cruzar la noche, e hice descripciones de la misma en la novela.
En el año 2005 salió publicado en distintos medios, Clarín entre otros, una nota diciendo que, según los denunciantes, esa casa habría sido un centro de detención clandestina durante la última dictadura militar.
La gente que dice haber estado secuestrada en esa casa vino a hablar conmigo para hacerme algunas preguntas. A partir de ese encuentro tuvimos varias charlas, y esa noticia, más los relatos de ellos, me motivaron a abordar nuevamente esta temática.
La historia que escribo en La casa M es ficción. Solamente tomé la denuncia que se publicó como disparador a la hora de crear el texto.
Aclarado esto, quiero agregar que, cuando fui a vivir a esa casa, no imaginé nunca que podría haber sido un centro clandestino durante la dictadura.
Esto todavía no se ha probado y el primero de septiembre [de 2009] comienza en Santa Fe un juicio a los represores, que incluye la causa que se inició con la denuncia de las personas que dicen haber estado secuestradas en ese lugar.
Esta novela la construí desde mi imaginación, como ya lo he dicho, y, si bien sus personajes pertenecen a la ficción, podrían también ser reales, en un país que vivió el horror durante los años duros de la dictadura, horror que dejó secuelas que todavía hoy nos persiguen.
Para los personajes de La casa M, buscar la verdad y aceptarla es todo un desafío.
Pero buscar la verdad es imprescindible si queremos crecer como seres humanos, y aceptarla, aunque duela o moleste, es un proceso de madurez, que muchas veces puede resultar difícil y doloroso. Y la literatura, a veces, ayuda en este proceso.